viernes, 20 de febrero de 2009

Conversación en la cocina (cuentos de Lila-III)


Sentados alrededor de la mesa de la cocina iluminada por la luz transparente de la media mañana estival, los tres amigos hablan. Sobre la mesa están el azúcar,la yerba mate y paquetes de cigarrillos. Rueda la rueda del mate, como ruedan las palabras. El humo del sahumerio y del cigarrillo temprano forman una suave cortina que cobra vida y escapa por la ventana abierta al jardín.
Nico habla de Borges y sus sueños circulares, Manuel baja el volumen de la música celta que suena demasiado fuerte para la suavidad de la charla, prende otro cigarrillo y renueva la rueda del mate. Lila escucha a Nico y agrega a la conversación los espejos borgeanos, con sus antecesores inmemoriales y su interpretación en la literatura actual. Nico expone su teoría de un mundo visto desde lo alto, imaginate qué altura, dice, plano como un mapa, en el que pudieran verse todos los seres animados e inanimados del planeta y que esa forma de mundo fuera la única realidad, la verdad absoluta.El Aleph, dice Lila,poniendo cara de que Nico se volvió loco. Manuel se ríe, Borges nació antes que vos, acota. Y de ahí la charla desvía el camino hacia lo ricas que están las mediaslunas; Manuel, por favor, arreglá el mate; y retoma en realidades alternas y mundos paralelos. Soy un bruto, dice Manuel, no los pudo seguir. El único que te dice bruto sos vos mismo, afirma Lila. Entonces Manuel arranca en reencarnaciones, memoria genética e inconsciente colectivo. Y de ahí la charla se dispara a si existimos, si Lila existe porque Nico la ve, que qué hace Lila cuando se va de esa cocina, sigue existiendo? Lila recuerda que leyó en el blog de Rayuela una historia mínima sobre un hombre que espía a alguien a través de un agujero en la pared, y cuenta que una tal Rolalola se pregunta en los comentarios si la persona existe sólo por el ojo que la ve. Manuel dice que él leyó algo parecido, pero el escritor se llamaba Claudio López. No sé, dice Lila, tal vez sea el mismo, viste con ésto de los blogs y las identidades, pero no, porque lo de Rayuela decía Rayuela y no Claudio López. Ah! se acuerda Lila de pronto; vos tenés que leer Cuaderno Nocturno, le dice a Manuel, a vos te gustaría, hay una publicación sobre la luz oblicua. Y también lean a LunaAzul, tiene unos cuentos bellísimos. Uno los lee y siente olor a canela, y ve ojos de hombres de Omán.Una delicia! Y ya me voy...Lila se levanta mirando el reloj de la pared. Ya? dicen los amigos. Miren la hora, tenemos que trabajar, y ya se acabó la luz oblicua, moriré de calor camino a casa.
Eran más de las doce, los tres empezaban a trabajar a las dos de la tarde, ese día. Lila casi corrió hasta la parada del colectivo, cuando dobló la esquina y vio a la mujer sentada en el banco dejó de correr, ella lo parará primero si viene...
En el viaje de vuelta a su casa recordó el cuento de Carver donde cuatro amigos hablan de amor sentados a la mesa de la cocina.
Llega a su casa, casi corriendo, tiene que darse un baño antes de trabajar. Busca en sus cajones, la ropa y un nuevo jabón. Lo saca de su envase de papel marrón y el aroma de canela salta y se prende de sus ojos.
Qué cosas más locas hablamos, piensa Lila. Tendría que escribir un cuento; y abre la llave de la ducha.